España es uno de esos países en que, de vez en cuando, necesita todo irse a la mierda, entre otras cosas, porque en la inmundicia afloran todos nuestros males, nuestras arrogancias y nuestros falsos anhelos; flotan todos organizados como los músicos en una orquesta de cámara y nos llega al auditorio el sonido fétido y esperpéntico de una pésima sinfonía. Vivimos en un país donde cada día se hace más necesario reivindicar Pérez Revertes y llamar a las cosas por su nombre, donde los ciudadanos, a falta de soluciones, debemos tirar por la calle de en medio y partirnos el pecho contra el vecino de enfrente porque estamos hasta los mismísimos de que se justifique lo injustificable y, donde a fuerza de buscar soluciones cada minuto del día, se hace más patente la idea de que existen dos españas; una es la que ven los políticos y chupópteros que pululan en los satélites del poder, y otra de los pobres ciudadanos que no tienen ni recurso al pataleo, ni perrito que les ladre, y de eso saben mucho los no se cuentos millones de parados de la empresa del de la ceja; sí ese, el ZP.
España necesita reinventarse cada cierto tiempo a sí misma; con una república, con dos, con una dictadura, con dos, o modernamente con un Estado del “bienestar” o con dos. España ya no es España. Es una circunstancia en
Estoy hasta los mismísimos de aguantar esperpentos, de leer titulares en medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en digital, para no decir nada y de esperar que en un país con un huevo y medio de políticos alguien tenga la sensatez y, la valentía, por no decir decencia, que no es moco de pavo, de darnos a los españolitos de a pie alguna solución antes de que nos tiremos a la yugular del vecino.
Sí, ya se que es estoy encendido, yo también me he dado cuenta, pero es que tengo la mala costumbre de leer los periódicos y ver la televisión haciendo zapping, o como se diga, todos los días, desde el canal del gobierno y el de las oposiciones, hasta ese que te regalan una tostadora si te fijas en si la presentadora tiene las tetas de plástico o no. Estoy harto de justificar posturas, de darle la razón al que juega la partida conmigo en el bar y de maldecir a la de
Nos quedan dos años para las elecciones generales, y hoy por hoy, y a pesar de lo que dicen las encuestas, sería capaz de votar antes al mismísimo diablo que a cualquiera de estos que todos los días emborronan con su nombre las páginas de la prensa. Necesitamos que las nuevas generaciones, pero las nuevas nuevas, no esas de
Ahora sólo faltaba que me pusieran una multa por escribir este artículo para sacarme los cuatro duros, que no tengo, por expresar libremente mi opinión, pero esta es




